Te regalo mi imperfección, porque es lo mejor que tengo. Porque me sale mejor
ser la hija imperfecta que te ama inmensamente, que buscar siendo perfecta
demostrarte lo mucho que te amo.
Ojalá fuera ordenada y
hacendosa, me levantara todos los días temprano a ordenar la casa. Qué esa
limpieza que hiciera fuera al estilo “Por dónde mira la mamá” y no “Por dónde
mira la suegra”.
Ojalá pudiera quedarme
callada en una discusión. Aceptar con humildad cuando me equivoco y enmendar
los errores. En cambio he demostrado ser la más irreverente de los tres. Aunque
he de confesar que he hecho mi mejor esfuerzo por no serlo.
Ojalá estuviera siempre de
buen humor, hiciera las cosas de buena gana y tuviera iniciativa de ayudar,
pero no. Prefiero en cambio a veces hacerme invisible y otras ni siquiera me
doy cuenta de lo que pasa. Vivo en ocasiones en un mundo creado por
mis ideas y palabras, que me transportan a otra galaxia muy lejana a esta.
Ojalá fuera obediente,
hiciera todo lo que me dicen. Quizá me hubiera evitado un par de buenos
trancazos, pero no sería lo que ahora soy.
Pienso en lo que bonito que
sería ser la hija perfecta, esa que está siempre pendiente y se dedica a su
familia. Qué no hace más cosas que servirles y darles alegrías, pero no me sale
ese papel. Pienso que hasta si me pareciera físicamente a ti, sería
mejor, pero ese es otro deseo que no se concedió.
Soy simplemente yo, alegre,
triste, relajera y callada, en el momento que tengo que serlo. Pero nunca he
deseado hacerte sufrir con mis acciones, palabras o ausencias. Porque desearía
ser todo eso que no soy y no puedo ser, si eso significa ser mejor para ti.
Ojalá fuera más ambiciosa y
hubiera elegido una carrera profesional mejor remunerada, hubiera seguido
trabajando y pudiera llenarte de regalos un día como hoy. Pero por el momento
no puedo.
Te regalo lo mejor que me
salen, palabras. Palabras de melancolía que serán siempre eso, palabras.
Pero lo mejor que puedo darte, es eso que te doy todos los días, aunque
no sea tu cumpleaños, mi amor. Un amor tan grande que no existen
palabras, número, regalos, ni caricias que puedan describirlo.
Un amor agradecido por
aceptarme como soy, por amarme, por servirme, mimarme y consentirme.
Un amor que crece con cada
una de nuestras imperfecciones. Porque no hay día que no agradezca la dicha de
tener entre todas las madres perfectas en el mundo, una tan imperfecta como tú,
y amar cada una de esas imperfecciones tanto como tu amas las mías.
Victoria López
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| Ana del Carmen González Cabrera |
Nueva Guatemala de la Asunción, 14 de julio de 2014.