martes, 15 de julio de 2014

Te regalo mi imperfección


Te regalo mi imperfección, porque es lo mejor que tengo. Porque me sale mejor ser la hija imperfecta que te ama inmensamente, que buscar siendo perfecta demostrarte lo mucho que te amo.

Ojalá fuera ordenada y hacendosa, me levantara todos los días temprano a ordenar la casa. Qué esa limpieza que hiciera fuera al estilo “Por dónde mira la mamá” y no “Por dónde mira la suegra”.

Ojalá pudiera quedarme callada en una discusión. Aceptar con humildad cuando me equivoco y enmendar los errores. En cambio he demostrado ser la más irreverente de los tres. Aunque he de confesar que he hecho mi mejor esfuerzo por no serlo.

Ojalá estuviera siempre de buen humor, hiciera las cosas de buena gana y tuviera iniciativa de ayudar, pero no. Prefiero en cambio a veces hacerme invisible y otras ni siquiera me doy cuenta de lo que pasa. Vivo en ocasiones en un mundo creado por mis ideas y palabras, que me transportan a otra galaxia muy lejana a esta.

Ojalá fuera obediente, hiciera todo lo que me dicen. Quizá me hubiera evitado un par de buenos trancazos, pero no sería lo que ahora soy.

Pienso en lo que bonito que sería ser la hija perfecta, esa que está siempre pendiente y se dedica a su familia. Qué no hace más cosas que servirles y darles alegrías, pero no me sale ese papel.  Pienso que hasta si me pareciera físicamente a ti, sería mejor, pero ese es otro deseo que no se concedió.

Soy simplemente yo, alegre, triste, relajera y callada, en el momento que tengo que serlo. Pero nunca he deseado hacerte sufrir con mis acciones, palabras o ausencias. Porque desearía ser todo eso que no soy y no puedo ser, si eso significa ser mejor para ti.

Ojalá fuera más ambiciosa y hubiera elegido una carrera profesional mejor remunerada, hubiera seguido trabajando y pudiera llenarte de regalos un día como hoy. Pero por el momento no puedo.

Te regalo lo mejor que me salen, palabras. Palabras de melancolía que serán siempre eso, palabras.  Pero lo mejor que puedo darte, es eso que te doy todos los días, aunque no sea tu cumpleaños, mi amor. Un  amor tan grande que no existen palabras, número, regalos, ni caricias que puedan describirlo.

Un amor agradecido por aceptarme como soy, por amarme, por servirme, mimarme y consentirme.

Un amor que crece con cada una de nuestras imperfecciones. Porque no hay día que no agradezca la dicha de tener entre todas las madres perfectas en el mundo, una tan imperfecta como tú, y amar cada una de esas imperfecciones tanto como tu amas las mías.


Victoria López
Ana del Carmen González Cabrera

Nueva Guatemala de la Asunción, 14 de julio de 2014.

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